“Los fanatismos que más debemos temer son
aquellos que pueden confundirse con la tolerancia”.
Fernando
Arrabal
Los más recientes acontecimientos de
tortura y el lamentable asesinato del pequeño Chistopher Márquez de tanto solo
seis años de edad, ha dado llamado la atención de todo el país, situación que
nos pone en alerta, y en donde la investigación sigue dando a conocer más datos
sobre hasta donde las sociedades que no tiene demasiada información, familias
que no alcanzan suficientes conocimientos en el grado de la educación y cae en
el asunto del fenómeno de las sectas, sin previa orientación al respecto.
En muchos contextos críticos
socialmente, siempre proliferan sectas, porque dan seguridad y autoestima
cuando se vive a la intemperie social, cuando crece el miedo, caos, ausencia de
todo, cuando la vida pierde valor y se invierten los valores. Es preciso tomar
mayor conciencia de que la mayor vulnerabilidad social, es también un ámbito de
mayor vulnerabilidad psicológica y espiritual, donde las víctimas siempre son
los más pobres.
Pero yo creo que no todo está perdido,
ya que si la educación es factor de cambio de entornos, entonces el rol del
educador debe de ser importante para quien ejerce la obligación de ofrecer y
fomentar el estudio en los alumnos, la sana convivencia, pero también el
aprendizaje significativo en perfecta comunión con los padres, quienes
trabajaran desde trincheras diferentes para llevar a un buen puerto al futuro
ciudadano crítico, transformador y amplio criterio.
Si bien los niños que están involucrados
en este caso o en otros más relacionados con este tema pertenecen a un mundo
lleno de pobreza y violencia extrema, y declararon "jugar a los secuestradores",
tal parece que las causas van más allá y son más profundas que la falta de
valores y la convivencia con personas que pertenecen al crimen organizado como
modo de vida.
Si realmente cada quien alcanzara sus
roles dentro de la sociedad y esa participación sea cada ocasión más importante
para educar a la niñez, creo que situaciones como la de Christopher deben de ir
disminuyendo y erradicando; sin embargo, te encuentras con jóvenes profesores
que prefieren ir a marchas, obedecer intereses de liderazgos comprados y
corrompidos, que solo adquieren malos hábitos de las fuerzas oscuras
retrogradas (de las cuales son miembros activos) con el pretexto de luchar en
contra de todo aquello que los ponga a educar de mejor forma a la niñez y
juventud de la colonia, de la comunidad, del estado y del país.
Los fenómenos religiosos no son un
decorado social como piensan algunos laicistas, sino que es capaz de humanizar
y generar grandes valores, o de destruir la vida de las personas,
deshumanizándolas hasta la muerte. El problema de las sectas no es un tema
exótico es un tema que tiene que ver con la educación, con la precisa
orientación de los educadores hacía los niños y padres de familia con una
educación comprometida con los cambios de los diversos sectores sociales, sobre
la interactividad que te dan los medios alternativos de comunicación y el uso
de nuevas tecnologías, para entender el comportamiento de quienes, a través de
supuestas religiones, engañan, manipulan y pervierten a sus miembros, haciendo
de todo esto un problema de atención urgentemente social y que requiere
análisis con una lupa para su pronta solución.
Los problemas no se terminaran como si
cada educador tuviera una varita mágica para dar solución a cada uno de los
casos, pero si los profesores asumieran sus roles participativos dentro de la
sociedad y dejaran a un lado las marchas que lejos de crear aceptación en la
sociedad, crean enojo y caos para los demás; estuviéramos hablando de una mejor
sociedad, de ciudadanos con mejor educación y mejor enganche a transformar
mejores historias de vida, y números menos trágicos como el caso de Christopher
Márquez, en diversos puntos de nuestros estado y nuestra nación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario